Y para ir finalizando con esta temática ya un tanto aburrida, vale la pena un último análisis.De buenas a primeras el Dr. Kirchner decidió transformar la problemática ambiental en un ASUNTO DE ESTADO. Tarde, pero más vale ahora que nunca. La incertidumbre se abre paso en quienes como yo, vividos 47 años, creen casi muy poco de todo lo que se dice, a no ser, hasta ver que se lo hace.Pero a contrapartida de mi razonamiento, nuestro Presidente es de imitar mucho al tero. Esto es que grita mucho, pero siempre pone los huevos en otro lado. (Querido lector, usted interprete lo que desee). Y, en este ambiente de total democracia y libertad de expresión a mí me suena más a comienzo de campaña política reeleccionaria que a una verdadera preocupación ambiental.
¿CÓMO FUNCIONARIA EN LA MENTE DE "K" LA SOLUCIÓN AMBIENTAL?
La palabra definitiva la tendría nuestro Presidente. Con su ímpetu y mal humor descubriría que todo espécimen viviente sufre el agravio de la contaminación: el progreso tecnológico volvió casi utópica la pretensión de respirar aire puro... hasta de cepillar nuestros dientes con agua de la canilla del todo limpia y potable.Por otro lado, ¿agua bombeada de qué oscuras y turbulentas napas habrá bebido la vaca propietaria de ese bife de costilla que usted comió el otro día?. Y en cuanto a la ensalada de tomate y lechuga, ¿quién puede asegurarle que no fueron regadas con esas fétidas aguas?.Bastaría que alguien estornude en el cine o en el colectivo, para que el smog de la ciudad incorpore gérmenes, virus y bacterias turbulentas, fáciles de aspirar y contra quienes tendrá que vérselas nuestro pobre sistema inmunológico.Así las cosas y de acuerdo al discurso "ultra-ambientalista Kircheriano", Nos, los habitantes de esta noble Nación Argentina estaremos obligados no sólo a taparnos la nariz ante un eventual estornudo, sino que muy posiblemente la AFIP con el Sr. Montoya a la cabeza se encargarán de perseguir a cada ciudadano, a quien con desparpajo no se enrole en las filas de la ideología presidencialista.
Por el momento, mantenemos en alto el estandarte de país portador de una de las vías fluviales más apestosas de la galaxia y que para peor, desemboca en una cuenca "binacional" como lo es la del Río de La Plata, y que al parecer todavía nadie se dió cuenta. No el río Uruguay, sino el mismísimo río "color de león".Y pensar que allá por 1870, don Domingo Faustino Sarmiento, fue el último que se animó a mantener limpia, por aquellos años, esa cuenca del Matanza de apenas sesenta kilómetros. En los tiempos que corren, el Támesis fue algo así como "hecho a nuevo" con 270 kilómetros de extensión por lo que comenzar sacando basura no es falta de equipamiento, tecnología o presupuesto. Es no tener ganas, o en otras palabras, lisa y llanamente desidia del poder.
08 mayo 2006
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