04 mayo 2006

USAR LA CABEZA

Lograr convocar a una multitud no es tarea fácil. Mucho menos cuando ideas políticas contrapuestas se entremezclan con intereses políticos contrapuestos. Pero palabra más palabra menos esa multitud no pasa de ser "una gran concentración de cabezas, mas que de cerebros". Ete aquí el problema.
Convocar masas es sumamente fácil cuando con una mano se puede sostener el micrófono del poder. Ahora que, de esas masas alguien pueda obtener un pensamiento lógico, coherente... inteligente, es altamente improbable.
La historia, la filosofía y hasta la psicología han tratado el tema de las masas. La ciencia política es artífice de grandes tratados y miles de páginas escritas sobre este movimiento tan mal utilizado por ideologizados políticos de todo el mundo.
Pero a la hora de la demagogia siempre estará allí. Es el elemento simbolizante que congrega a miles de fieles devotos del facilismo. Adoradores fanáticos de planes sociales, prebendas y hasta cheques en blanco dispuestos a cualquier cosa con un elemento común: NO PENSAR.
Y mañana será uno de esos días en donde subido "al banquito" y sobre un puente internacional, nuestro señor Presidente seguramente arengará a una multitud masificada en pos del aire puro y la cristalinidad del agua del río Uruguay.
Mientras tanto, del otro lado, el Presidente uruguayo ya se entrevistó con Bush, se hizo oír en el concierto mundial y hasta manifestó que en nuestro país los ejecutivos necesitan viajar en autos blindados. Sin dudas Tabaré Vázquez ha evidenciado tener su instrumento político muchísimo más afinado que el charango de Kirchner.
Esta ridícula, absurda y peligrosa pelea entre dos naciones que tanto tienen en común demuestra que ambos están dispuestos a cualquier cosa. Evidentemente se librará una batalla política que dejará heridos históricos, tal lo que desde hace veintiocho años viene sucediendo con nuestros hermanos chilenos.
Si nuestro Presidente usara la cabeza se abstendría de semejante intencionalidad de movilizar una multitud a Gualeguaychú. Si los movilizados se manejaran con el mismo criterio, entonces aparecería la cuota de razonabilidad tan necesaria desde hace tiempo, no sólo para superar este trance sino para encaminar a la Argentina hacia un futuro de crecimiento sostenido. No con mentiras, sino demostrado a través del bienestar de cada uno de sus ciudadanos.
Estamos a tiempo.

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