12 julio 2006

INSOLENTES

Cuando yo era chico, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas: Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten. Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá. Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Nadie discutía una exigencia de mamá o de papá, porque sinó se venía la frase: "Ya van a ver cuando llegue papá". Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar... porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa. No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue.
Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acepte esto: es muy aliviado saber que uno tiene reglas que respetar. Las reglas a cumplir eran fáciles, claras y tan reales "lavarse las manos antes de sentarse a la mesa" o "escuchar cuando los mayores hablan". Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera. Sin embargo, y mediante el sano y excitante proceso de la "travesura" muchas veces desafié "las reglas". Siempre fui descubierto, denunciado y castigado apropiadamente. No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, que uno así no vive en un mundo predecible. Ahora eso sí, las travesuras no eran acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo. Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos a cumplir. Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa. Pero no. Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había "travesuras" sin "castigo", y una enorme cantidad de "reglas" que no se cumplían, porque el que las cumple es lisa y llanamente un estúpido, por decirlo de una manera elegante. Me arrojaron sin anestesia a un mundo patas para arriba. Desde mi actual ingenuidad adulta conocí algo que jamás pude digerir: LA IMPUNIDAD. ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad. En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había PIEDAD. Lo explico mejor: había JUSTICIA, porque "el que las hace las paga" y PIEDAD, porque uno cumplía la condena estipulada y era perdonado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato. Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué.
En mi casa había una "Tercera Regla" no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado. Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa: Regla N° 3: No sea INSOLENTE. Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar. Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad actual. Eso es lo que nos arruinó. La INSOLENCIA. Usted puede romper una regla, es su riesgo, pero si alguien le llama la atención, o lo meten preso, no sea insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes. El mal de los Argentinos es la INSOLENCIA Los Argentinos pretenden saberlo todo, tener razón hasta morirse, no escuchan y les importa el prójimo, o sea usted, solamente si sirve para sus propios intereses. OBVIAMENTE AHORA ESTOY HABLANDO DE LA INSOLENCIA POLITICA.La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación. La insolencia en mi país logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (Muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo, cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden hacerlo para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, ahora les están impidiendo trabajar. Y así están las cosas.

Le hago una pregunta ¿Las reglas sagradas de mi casa no eran las mismas que en la suya?. A ver, generacionalmente yo tengo 45 años ¿Usted sabe que casi todos me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas? Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces la otra pregunta es, si somos tantos, ¿Por qué nos acostumbramos tan fácilmente a que nos lleven por delante los insolentes? Yo se lo voy a contestar, PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso, comprometerse, aceptar el riesgo de ser criticado y descalificado.

Por eso, un grupo de INSOLENTES hoy está intentando hacerse casi de un PODER ABSOLUTO especulando con esa comodidad que tenemos todos. No tienen ni la menor intención de cumplir esas reglas básicas y simples comunes a todos. Quieren reemplazar las reglas que hicieron crecer a la Nación por REGLAS INSOLENTES, que hoy carecen de justificación.
Cuidado, que el juicio de la historia es implacable y no sea cosa que debajo de sus nombres, dentro de cien años las generaciones futuras lean en su EPITAFIO: “ESTOS FUERON LOS INFAMES TRAIDORES DE LA PATRIA” (1853 art 29) Si le interesa ya es hora de que empiece a leer la CONSTITUCION

1 comentario:

Fran Invernoz dijo...

En Argentina sobre demasiada insolencia política, muy bueno el comentario.