22 agosto 2006

LA TORRE DE BABEL

Hay un texto del Antiguo Testamento, del libro del Génesis, que es muy ilustrativo para nuestros tiempos.
En lo que actualmente es Irak, allá por el 600 y pico a.c. había una ciudad gigantesca a la que su soberano, NABUCODONOSOR, la había llamado Babel (cuya traducción significa “la puerta del cielo”) con todo lo que ello significa. Babel y su capital, Babilonia eran un poderoso Imperio. Sus reyes dominaban a muchos pueblos a los cobraban tributo. La gran estrategia de conquista era la de desterrar a Babilonia a todos aquellos líderes que representaban la resistencia, para separarlos de los sectores populares y así debilitar la protesta de la gente.
Una constante de los imperios fue siempre la de pretender establecer como eternas y universales sus verdades. Los reyes babilónicos, pretendían que todo el mundo hablara la misma lengua y con la misma palabra.
Si analizamos la historia, todos los Imperios, Egipcio, Romano, tendieron a destruir la diversidad popular, estableciendo un férreo control entre lo que se piensa y lo que se dice. Estos Imperios, siempre aspiraron a un discurso único.
La soberbia de aquellos jerarcas babilónicos, soñaba con el dominio de la Tierra y también de los Cielos (nótese cómo el poder, ya daba ambiciones tan desmedidas como la de dominar el cielo). Por eso fue que decidieron construir una Torre que llegara justamente al Cielo.
Entonces, y al decir del Génesis, Dios o Yahvé, reaccionó airado y en castigo a tal actitud de soberbia les dio a cada uno un lenguaje distinto, para que al no poder comunicarse los unos con los otros se dispersaran por el mundo. Y así fue.
La historia, que cíclicamente vuelve a repetirse a lo largo de los siglos, lo hace para corroborar si los hombres aprenden de sus equívocos.
¿Se imaginan el castigo que sería, si además de cambiarnos el idioma nos quitaran nuestra astuta posibilidad de mentir?

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